La pintura, ligada al arquetipo y sustentada en el imaginario humano, reaparece para asegurarnos que poco conocemos y que nada dominamos a totalidad. Por medio de ella, al igual que el hombre primitivo aseguramos nuestra existencia, reivindicandonos con la incognita y exaltandonos con la sorpresa que nos revela el espacio pictórico. De ella solo sabemos lo que nos enseña la imagen acabada, lo que viene y está pór venir, aun es parte de la gran pregunta, de la que solo sabemos que está por plantearse en una nueva imagen.
Lo pictórico, no solo hace parte de la pintura, pensando en la amplitud de las posibilidades artísticas, la pintura es eje importante mas no único. El pensamiento y la emoción transmitida a través de la imagen pictórica, se hacen manifiestas en la representación, como una de las posibilidades expresivas. El rol pictorico en el taller, resulta un juego de laboratorio, donde se potencializan las habilidades creativas; no para casarnos solo con la pintura, sino haciendo posible el acceso a un aglomerado, catalogado como arte; donde lo que vale es el humano posibilitado a una serie de alternativas expresivas, desde su cuerpo y su espíritu. Allí la unica regla es la inegabilidad de la poética, como herramienta de acceso a la ilusión.
